miércoles, 4 de enero de 2017

Día 4.

Ella tenía el pelo largo y de un rojo potente. Los rayos del sol se reflejaban en él como si de las llamas del infierno se tratara. Tenía una risa contagiosa, de esas que una vez que las escuchas, no puedes parar de reír. Su mirada se clavaba en ti como una estaca y, a partir de ese momento, no la lograrías olvidarla.

Ansiaba viajar. Por todo el mundo. Sentirse libre, respirar aires nuevos y conocer lo desconocido. Tenía una libreta dónde apuntaba todas esas metas que quería lograr en su vida. Pero un día se dio cuenta que eso no sirve para nada. 

Que el planear está de más y, que la vida va llegando poco a poco y sin prisa. Además, si esta viene corriendo tienes dos opciones, subirte a ella o poner el freno de mano. 

Tú decides.

Ella lo hizo y se subió, sin importar nada de lo que dejaba atrás. Viajó a los sitios más lejanos a los que podría llegar, y conoció y vivió, experiencias que NADA en la vida puede quitarle.

Y así es, vive sin rendir cuentas y sin dar explicaciones por que una vez que lo hagas ¿Quien te puede decir que vuelvas atrás?